domingo, 24 de mayo de 2009

Cuarta edición

Revista de Poesía Espantapajar@


Equipo editorial:


Osman Cereceda, Juan Miguel Zumarán Rojas, Paulo San Páris, Carlos Piñones, Benjamín León.


El presente ejemplar incluye poemas de:

Julio Piñones, Cristian Pérez, Paulo San Páris, Benjamín León, Osman Cereceda, Carlos Piñones, Juan Miguel Zumarán Rojas, Andrés Farías, Valeria Martínez, Sebastián Carrasco, Felipe de la Barra. Además, para este número participan de forma especial: Edmundo Herrera, Ex Presidente y actual director de la Sociedad de Escritores de Chile; Óscar Elgueta, de Coquimbo, Jorge Rosas G., residente en Chillán y Dr. en Literatura; Viviana Benz; Álvaro Ancona, de México; Sara Castelar Lorca, de España; Adrián Pérez, de España.

El trabajo de la portada “Alineación” pertenece a una obra realizada por el Equipo Editorial de Revista Espantapajar@, que ha sido dividida en cien fragmentos, haciendo de cada ejemplar una obra única.

Esta cuarta edición consta de cien ejemplares numerados y hechos de forma manual.

Comentarios y colaboraciones de poemas:

espantapajar@gmail.com



Atisbo

Carlos Piñones

Para mi evasión,

una bandada de pájaros.

Divagar en astros,

creer que no he de caer.

Pocas piezas

e infinitas omitidas

La roca cae.

Morder la cola con ella.

Aquí,

enfermo en el abismo.




Polos amantes

Andrés Farías

Curiosa combinación la nuestra…

tu anatomía diseñada para seducir estrógenos;

busca la mía,

que fue construida con el mismo fin.

Dos nortes que no necesitan del sur.

Quebrantamos el deber de Adán y Eva,

para crear una realidad paralela a la biología,

pasión de alas alertas; para no ser sometida...


Curiosa felicidad la nuestra,

guardamos caricias para nuestra soledad,

privamos al mundo mi mano amando la tuya…




El huerto de enfrente

Paulo San Páris

En memoria de Stella Díaz Varín.

“Llámalo Enero,

o invierno si prefieres,

llama como quieras al temblor,

yo lo llamo amor,(…)”


Kutxi Romero



Hay que ver cómo pasan las nubes, para que tú adornes con broches el silencio; ese maligno giro tardío de poner lágrimas y nombres a las tardes. Te lo repito, nuestros dedos retumban al venir en el día la noche y las ausentes mañanas falsas, para ocultar los segundos imperios que hacemos tras tus espaldas.

Ella es mi planetario de ADN, ella es la que levanta la mano y despide palabras a los pájaros, ella es la que enciende la huerta de atrás donde guardamos los cadáveres amores retornados con las golondrinas; allí plantamos poemas para que no escuches tus pasos, y celosos nuestros juegos de arena y mar, derritan las huellas que vas dejando entre los espacios sanguinarios míos.

De seguro ya habrás sido Penélope de nuevo, seguro habrás conquistado con otra flauta a tropeles de traucos sedientos de tus cartones, los recuerdo bien, cuando subía a buscarte entre los cubos de luces, y pendían de las bodas magníficas atenuaciones de escondite. Huella a huella levanto el sonido cuando vienes, y voy sin imitar los parques, ni huertos que dejamos. Dame la mano de copa muerta hasta los campanarios de las gargantas que llevo, tráeme jaulas de flores que visitas y comentaremos las aldeas donde entraron los bandidos y te sacaron las sangres tildadas de amor.

Tú no te quedes sin huerto, ella esperará el turno del huerto atrasado, ella sabrá a qué demonios crucificar si no estoy a su lado, no me necesita, soy ella.

Mira las flores de la aldea, abre los pétalos, que la lluvia viene bajando y no nos esperará a que entremos en el huerto de enfrente.

Entra. Hay un silencio terrible en tu mirada.




Ellos como nosotros

Valeria Martínez

Ellos como nosotros se esconden en los ocasos y tropiezan cuidadosos con los sentimientos...

Se acarician con los pensamientos, hacen el amor con las miradas

Ellos como nosotros...

Ellos como nosotros escriben te amos en servilletas usadas que luego arrugaran y tirarán a la basura y con culpa se mirarán fijo deseando que un sí o un no rasgue la tiniebla y deshagan los nudos de incertezas

Entonces cae una hoja, pasa un silencio, pasa corriendo

Y nos despedimos de besos tibios nosotros como ellos

Deseando que dos palabras nos salven del desvelo



Veintiuno de marzo en Chichén Itzá

Álvaro Ancona - México


Desciende la luz del sol con su casaca de sierpe

engalanada de plumas del pozo de los Itzaes

soplo de agua del cielo, mayorazgo de los dioses

las piedras de veinte siglos suspiran por su llegada

y danzan las nueve lunas períodos de gravidez

al son del canto divino que emana de un caracol.


Quetzalcóatl —el que sabe— origina el equinoccio

baja a la sala de partos del más sabio de los días

hace el amor a la tierra fertiliza con su aliento

confirma los profecías, leyendas del quinto rey

que volverá del levante como estrella mañanera

y se convertirá en serpiente para renovar la vida.




Ropa Tendida

Óscar Elgueta


acabo de enterarme

sé que tienes problemas

igual al mío

circulo por las calles

y no encuentro la respuesta

son muchos

los libros editados

las Conferencias y los Seminarios

las grandes tiendas los "malls"

que nada me conforta

días sin hablar

es lo mismo

es más que una preocupación

el sol alumbra los residuos

que se transforman

en fantasma de lo que soy

no sólo es tu hija o mi hijo

lo que más

me preocupa es la luna

que no descansa día y noche

con los ojos llenos de agujeros

en el mar

de la tranquilidad

los apagones por el Planeta

recalentamiento globlal

/día del Joven

Combatiente/

y la cruz del Sur

no solo es el viento lo que va

y viene por la casa

vuela y se pierde

en la rama de los árboles

es mucho lo que cuesta hablar contigo

te sigo en cámara lenta por toda

la maldita ciudad!

temo que desaparezcas

como si fueras una heroína

de un reality en Televisión

que viaja en micro

temprano por la mañana.




Isak Borg

Cristian Pérez

Sin historia es así, viejo Isak Borg

no mires con perillas que observan desde lo etéreo

girando a derecha, izquierda y ningún lado

Isak borg, sin historia es así:

aviso sabio y salvaje aviso

recuesta en tus lunas el carmín

sin salvarte, viejo, sin salvarte de lo perecible

… ya la cátedra puede esperar, mas las fresas pudren.

Allí pasó peón andante que envuelve sagrada sepultura

y brinda por un nuevo carmesí.

la ruptura, cuidado, profesor

puede esperarte con tu rostro,

tus manos y pechos de prima:

Hermosa Sensatez virgen en Estocolmo.

maravilla sin ser otro.





De "Tierra sin herencia"

Viviana Benz


Látigo


Un verdugo del tiempo

merodea sin aliento

cuando el ataúd toca fondo



Reciclaje


Mi aliento

corta el día en trozos

que la noche consume



Muerte


Ultima cabalgata

de la tarde sobre la tarde

dos lágrimas se besan y tu silueta cae



Despedida


En soledad mortal

es fácil parpadear en tarde gris

así fenece el mayúsculo llanto azul





Jorge Rosas Godoy

Profesor de Literatura, U. Católica de la Santísima Concepción, Concepción


la lluvia cae y tanto va el cántaro al agua que las palabras al fin se rompen

zuritiadas y de poquita fe…

se rompen


hoy las palabras y las realidades han cambiado

las rosas y los pájaros destilan poéticas problemáticas decretos y emanaciones contraambientales de tal forma que la pregunta de por qué no escribe a las montañas de su país a las aves y los ríos la hacemos nuestra por lo tanto entre el olimpo Nicanor y Schlegel : la poesía…


entonces dijo un pájaro a otro:

- hoy las palabras y las realidades han cambiado

las rosas y las mol-iposas andan por ahí o

serán los estudiantes que pasan a rezar mandandirun dirun dan?


las rosas y los pájaros destilan poesía…

de estación a estación lo hacen

de palabra en palabra

de poetas a otros…

si! los otros “los poemas del otro”

son visibles entre las montañas los ríos y los mares…


las rosas y los pájaros

guardan el secreto

mientras

Dios habla del oficio paralelo…



Oscura Bala


Edmundo Herrera

Ex Presidente SECH Nacional


Vivo porque otros murieron;

ninguna bala

encontró mi corazón

esa mañana.

Ciega extravió su fuego de muerte

entre la niebla del destino;

vino la noche con corvos

y metralla.

Llevo en mi rostro

los ojos de los muertos

que ahora son luciérnagas

perdidas.

Busco sus huesos enterrados

en qué socavón, horno, isla

o mina obscurecida.

El mar supo

de estos muertos

traídos por el viento

negro de esos días.

Quemados,

rotas las manos

que labraban la madera

de la vida;

amarrados con alambres,

esparcida su sangre,

seca la costra,

sepultada la carne

de la luz amanecida.

Vuela cortada en llamaradas,

hecha cenizas mi bandera.

Se hizo oscuro el porvenir,

el centelleante amanecer,

la existencia mía:

pero aún estamos vivos,

con heridas

mordeduras y cicatrices

rebeldes,

denunciantes, insobornables.

Vivo porque otros murieron

ninguna bala

encontró mi corazón

esa mañana.



Marino


Julio Piñones

De “Travesía”


La madre recibe a su hijo en la isla.

Los hermanos escuchan sus historias junto al fuego.

Los amigos lo invitan a ver a otros amigos.

Quien fue la hermana pequeña y que ya es muchacha

lo ve alejarse sonriendo.


Los compadres usan un viejo mapa para orientarse.

Se desplazan hacia espacios con nombres simbólicos.

No todos los mapas se trazan de este modo.

Por eso algunos se constituyen en marañas

para el animal de errores.


Más allá existe el archipiélago de los flamencos.

Sus donaires superan todo estilo.

Hacia tierra firme

es posible leer petroglifos.

Por allí pasaron aventureros dejando leyendas.





Soneto para mi amigo

Juan Emor Miguel Germán Zumarán Rojas de Zárate y Escudero

Dedicado a Joel Álvarez C.


Amigo, la distancia nos suspira

con burlona caricia veraniega,

el fin de la jornada romeriega

y el ocaso del tiempo que respira.



Cómo decirte, amigo, mi alma admira

toda tu obra, tu fuerza, esencia griega.

Los campos de tu frente el sudor riega,

y brota entre tus palmas pan y lira.


Golondrinas que vuelan por tu pecho

me cantan, caro amigo, tus tristezas,

el silencioso canto a son endecho.


Pero ahora en tus ojos no hay carezas,

que en mi corazón tienes el derecho

de romper los lamentos, las flaquezas.



Toma mi mano, amigo, mi cariño,

toma de mi sonrisa la confianza

para fortalecer esta esperanza

que abrigamos con celo, con astriño.


Aunque andes por la vida como un niño

de universo nocturno haciendo danza

la brisa de esta grata remembranza

dormirá como la uva en entreliño.


Porque nuestra amistad es algo eterno

que ni el miedo ni el tiempo desmorona,

es de mi alma el ocaso de este invierno.


Eres tú, amado amigo, oro que abona,

eres paz, el presente más fraterno.

y es nuestra amistad nuestra gran corona.




Calíope desterrada o las musas

Sara Castelar Lorca - España


Ella se peina las edades tristes

y canta su destierro.


El tiempo y las mañanas en su voz

la noche que no amaina

la eternidad que en llanto se desploma.


¿Cómo aflorar del verso siendo carne?


Las musas de fecundos pechos

recaudan el dolor en cofres amarillos,

ahí, como un rumor de nadie

como el oscuro soplo de la sombra

maceran las palabras

y la verdad recicla su turno de mentira.


Ella sólo sabía de la tierra.


Todo sucedió antes de sus ojos

antes de su silueta fértil.

Un pájaro erizando los contornos del cielo

con su bordón de lluvia

frente a una loba gris lamiéndose los hijos.


El alfabeto es un burdel sin nombres

donde abrigar la pena

y sudan las palomas sus vértebras azules

envenenando el aire

y la palabra amor reclama su justicia.


Calíope se inclina sobre su estirpe ajada

y recoge su nombre,

la única verdad

de la que nunca pudo desprenderse.






Osman Cereceda


Otra noche silenciosa de aullidos,

afuera la calle de tierra, donde se pasean insomnes,

los vegetarianos adictos a humos violetas.

Bajo una luna que mengua las escasas alegrías,

sí, esa es la noche que vive la sombra.

Quizás, si fuera otra noche, o la siguiente,

quizás si la calle no fuera de tierra,

quizás bajo otra luna, quizás y sólo quizás,

vería a esa sombra sonreír una última vez.

Mientras renuevo mi lecho de cartones

y reacomodo los periódicos del pecho,

para que el frío duerma conmigo.




Mundo Macho

Rafael Teicher - Argentina


A Virginia Woolf cuando riega las plantas


Abres la ventana como si te acercaras al sudoroso cuerpo de un hombre


Le giras el mecanismo de los brazos como si fuera una corbata, y te le montas


Sales a la musculatura del viento con el pelo abierto como un ramo

El cuerpo del hombre es fresco y tenso como una aurora guardada en una caja


Confías en la caída de los hombros del cuerpo del hombre, crees en la luz que se le derrama de la nuca hasta los labios


Para ti el cuerpo del hombre es el interior de un guante, la caricia del humo, un juego de vueltas en el pasto

Te gustaría ser onda para ocuparlo como el remolino ocupa la flauta, quieres ser la descarga fecunda del cabello sobre al agua que lo moja


A veces te sientes infinita como la madera, pequeña como el proyecto hidrográfico del beso dado sobre una ceja, compleja como la arqueología del aroma a rosas


Te inhalas el mundo como inhalas un sobaco, le bajas los párpados a fuerza de buscarlo

El hombre es blanco y dulce como la leche, es posterior, torrencial, potente como una azucena, indefenso como el barco


Abres la ventana como rompiendo una camisa, como besando una llave que grita, y te le echas al lomo como el insulto de un cigarro

El mundo está en bermudas como un nene y lleva una pelota y una paloma en el bolsillo de su saco


Lo amas, ¡cuánto lo amas!


Lo amas como al chocolate que se come a escondidas en el cine, lo amas como a los discos, como al instante en que entras en la noche llena de pulseras que chillan, lo amas como al suspiro, como a un saxo que retumba, lo amas como a un baño todo blanco


¡Cuánto lo amas!, cuánto


Mundo travieso que huele a manzana y que golpea la ventana como un pájaro







Del hambre

Benjamín León


Subsisten bicicletas en los patios heridos,

y en nuestro corazón la sombra de los techos oxidándose persiste a toda vanidad.

Aún el llanto del exilio, aún la puerta rota,

aún el ruido ardiente de las tripas por la noche.

El hambre, con su muro verde, con su jaula vacía desollando la infancia.

Era la lluvia y sus metales causándonos invierno y desnudez,

creciendo en nuestras uñas o en los años,

dejándonos la oscuridad y el olor de las migas.

Oíamos la sangre en los pasillos, callábamos la miel inexistente

y el sueño en nuestros párpados hervía las palabras.

Así fue la pobreza marcándonos los huesos

y el joven corazón de nuestros padres.

Ahora me traspasa el grito en la memoria herida,

a menudo retornan los insectos del hambre al largo desalojo de las mesas,

a menudo las cifras del dolor sumergen la esperanza.

Acá se encuentra el duelo y el aceite, la cólera y el miedo,

los ojos no cegados de mi madre, la fatiga y el llanto.

Pero lejos del óxido subsisten lugares de pureza en que dormir,

el lento despegar del frío y su balanza,

el ruido engendrador que aflora en nuestros puños.




Filomaldita

Sebastián Carrasco


Espirales decadentes de la mismísima gota

refunfuñan cual ogros hibernan;

cautivas de su libertad y sonoridad,

desdeñadas y violadas por la sentimentalidad,

cambian de estado y circundan nuestro aire.

De ellos no tendremos más que verdes manzanas.


Nuestro veneno es su alimento

y vuestros oídos sus platos.

La materia muere y de un salto

El espíritu se hace sangre.

No queda más que ver y dejarse manosear.

La mesa está servida.

Onda y colgante,

Medio y ritmo

Nos invocan a este malévolo ritual,

La música encarna,

Venas e hígados se ligan en sacro matrimonio

Y nuestro cuerpo tan sólo se quema.


Apocalipsis, metástasis

Y el placer llega.

Clavos y tornillos golpean

Y penetran el corazón

cual ardilla busca agua.

El desierto muere,

la carne vive, el espíritu secreta

y resucita.


Vive simple mortal,

que en la mazmorra habitan tus sentimientos.

vive, vive, vive!!!

que es ahora cuando el árbol suena

y cantan sus melodiosas sinfonías.






Guardan los montes la memoria

Adrián Pérez - España


I

Siembra de furia el eco cada valle,

cuando amanece el filo de las hachas

con golpes de sudor sobre los troncos,

sobre la savia ronca de los árboles

que va regando el monte con astillas,

con gotas desgarradas como niebla

que penetra en las rocas , en los huesos,

en la membrana del herido musgo

que se extiende y abraza la madera

que cae y besa el suelo en su derrota.


II

Guardan los montes la memoria, el eco

que sucumbe en el íntimo huracán

que nace en cada fuente, en cada rayo

que tiñe la esperanza con la pena

de un nuevo anochecer, agrio, sin luna,

mientras se cierra un párpado confuso

bajo una soledad de nieve negra

que derrama la sangre del estío

sobre la opaca encina mutilada.


III

Se conserva en los montes la memoria

de los dedos con llagas, que segaron

el trigo moro bajo el sol bruñido;

el luto de las hoces, y los fajos

que arrastraban las yuntas a las eras

de los pueblos bañados por la mies,

por los mares de espigas donde brota

una espuma de pan en cada grano.



IV

Los trinos de los pájaros extienden

las sílabas halladas en las piedras,

en los troncos quebrados por las hachas

de estos montes que guardan la memoria

de las noches sin luna, del estruendo

que proclaman los valles cuando mueren

junto al hierro los árboles caídos.





¿Qué podría decir después de tanto ave maría?

Felipe de la Barra


¿Qué podría decir después de tanto ave maría?

no me salvo con este gesto

(que tiene más de zambullida que de braceo).

Y así, entonces:

Sumergido en el acopio de lo incorpóreo

rebosante de aire rojizo

y maloliente, putrefacto

en el agobio de la palabra que resopla,

como vacío formal

(no semántico)

Cobijado por dos pares de cobijas foráneas;

extranjero sempiterno del roquerío,

aislado, por una parte;

flexible a fuerza de palabra,

lingüístico, por otra;

finalmente,

rojizo por gusto a piel y aire,

sanguíneo.

¿y el padre nuestro?

en la más alta profundidad de todos sus gatos negros…


1 comentario:

  1. Benjamin: Me encanta la idea de esta revista, como socio de la Sociedad Argentina de Escritores, me comprometo a leer y colaborar con esta revista. Lei los poemas y son excelentes, animo poetas que es la poesia lo mas puro en estos momentos del mundo.
    Javier Dicenzo. San pedro Argentina

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