lunes, 27 de julio de 2009

Revista Espantapájara - Edición de Julio 2009















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Enrique Pérez y “La extensión”: un habitar los espacios .

"Palabras no destinadas, como las palomas de después, al sacrificio de la comunicación"

María Zambrano
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La extensión, ese lugar donde las palabras comienzan a coincidir con lo remoto, donde los espacios se encuentran para descubrirnos en otros, en uno mismo elevado a la instancia que hace posible la comunicación en lo dicho y lo callado, ahí, es donde nos lleva Enrique Pérez Arco con su último poemario que lleva ese nombre y en el que nos invita a comprender, desde la perspectiva del que observa y se siente parte de la observancia, ese discurrir de la palabra en el estrato más íntimo y revelador de la naturaleza humana...lo no visible: “he llegado al instante azul de la noche/ he abierto la puerta muy despacio/ y desnudo, entre las telas colgadas/ he cruzado mi cuerpo hasta el principio/ dispuesto a no regresar.”

Este poeta granadino, afincado en Madrid, nos habla desde el verso metido en otra piel, un tercero necesario para completarse, esa otra piel que hace del poeta un legado de sí mismo y que es capaz de extenderse, a pesar del tiempo y los lugares, que nos llevan, en muchas ocasiones a una extraña incomunicación. Aislamiento de alguna forma unido al contexto que envuelve ese problema metafísico del exilio de la palabra poética del que ya se percataran hace años poetas como Rilke y Eliot y que después retomara Paul Celan, al que Enrique Pérez vuelve en sus lecturas, dada la implicación de su obra con los fundamentos de la obra de éste, donde expresa el sentimiento existencial de lo absurdo de la vida moderna y la imposibilidad de comunicación:

"La búsqueda del ser que poética y filosóficamente ha estado muy ligada al tema del tiempo y su fugacidad, hoy en día considero que tiene más que ver con el tema del espacio, la búsqueda de otro espacio más respirable en todos los sentidos, en el que sea posible y necesario convocarnos unos a otros, quizá a costa de percibir con más claridad nuestra desnudez y nuestro desamparo, y entonces desde ahí poder sentirnos más iguales, más cercanos. La poesía, que contiene algo de ese espíritu de convocatoria, pues se completa a sí misma en la recepción del lector, nos permite un conocimiento y un acercamiento distinto a nuestra realidad, un conocimiento más sensible que se abre hacia un espacio interior, hoy cuando parece que nuestra manera de vivir hace demasiado hincapié en los objetos y en su posesión."

Años pasaron antes de que este poeta se topara con el taller de escritura de Andrés Mencía y junto al colectivo Patrañas decidiera volver a esa sencillez infinita de la que se hace eco en sus poemas y que le ha llevado a " La extensión", publicado por la Editorial Patrañas en la colección Poetas Cronopio, 2006, en la cual, también encontramos títulos tan sugerentes como : " Galápagos de California" de Emma de Coro, "La cinta de Moebius" de Jesús Malia y "Cuando una espátula enseña los gavilanes" de Alfredo Poyo, una colección de poesía que apuesta por autores nuevos y que ofrece la posibilidad de expresión a formas novedosas que van aflorando en las periferias de los círculos oficiales de difusión, toda una empresa que ya ha obtenido muy buenos resultados, desde su comienzo con la publicación del libro “De vuelta en Palestina”, de Luis Roldán y que ahora se lanza nuevamente, este mes de Febrero con la novela” La multitud silenciosa” de Francisco Ruiz Carrasco.
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El devenir de la escritura de Enrique Pérez le ha inclinado largo tiempo hacia la prosa poética y la versificación fuera de todo canon, tan sólo la palabra apoyada en la escritura libre y nunca encasillada más que en un ritmo interno que el poema se adjudica en su origen, en el desarrollo del acto creativo:

“Voy por donde me lleva la intuición, el sentido me pide a veces cierta división, con vistas a facilitar la lectura, y sobre todo es la "oralidad" y el ritmo del poema, que debe seguir creo yo una especie de ritmo interior. Celan, al que llegué a través de Valente hace tiempo, pero al que vuelvo ahora con más interés, hablaba del poema como oración, aunque creo que no en el sentido que yo quiero darle, de ritmo interior.”

A pesar de los años que separan a este poeta de su entorno natal en Andalucía, de los montes que rodean una juventud rural, en Illora, a pocos kilómetros de donde naciera Federico García Lorca, su palabra nunca ha dejado de incidir en ese medio, en la condición de este entorno sureño y arraigado a las costumbres y a las personas que han marcado una forma de ser y habitar el mundo: “ El hijo se los llevo colgando como pájaros/ cazados, mientras su dedo más frío se dormía/ sobre una memoria rebosante de cereal.”

La memoria es el elemento unificador que va dando cuerpo a una obra que nos habla desde cada sensación, desde esos espacios que se van quebrando al tiempo que producen el milagro de la reconstrucción en el lector, en su nueva forma de respirar. Estos destellos podrían recordarnos a la música de Webern y su quebradizo ritmo, esos espacios respirables de intimidad donde la palabra casi llega a destruir su significado para componer y componerse: “Crece el esparto y hay hombres/ que tejen cestos al atardecer./Y hay rincones,/ como axilas del mundo,/ donde siempre huele la retama.”

Y es en esa memoria donde el poeta se deja ver con mayor desnudez, donde va abriendo las sensaciones al lector de una forma tan sencilla como evocadora, porque hay un motor ineludible donde el recuerdo es la forma de combustión más fuerte, donde compone, como ya dijera Claudio Rodríguez, esa “nueva alianza” con el presente del poeta, con su temblor y las diferentes geometrías del bosque que llenan la existencia en la palabra, en la vida que se puebla de noche y de frío, pero que late a cada destello de la oscuridad:

“La posibilidad de la poesía surge para mí de un impreciso destello exterior, muchas veces recuperado a través de la memoria, materia sensible en cualquier caso, que roza o despierta alguna fibra del interior. A partir de ahí, el poema es para mí una búsqueda. Búsqueda o desvelamiento de realidad o de otra realidad, búsqueda también de un conocimiento distinto al racional, búsqueda de belleza y de un extraño placer, pero durante la escritura de este libro ha sido fundamentalmente búsqueda de otro espacio, de otra respiración.”

La búsqueda sea, posiblemente, la que lleve a Enrique Pérez a “La extensión”, a ese terreno en el que todo puede ser la puerta y también puede ser la llave, porque los espacios habitados por el silencio hablan de lo que conocemos pero no definimos y es ahí, en el lugar extendido, donde se le pone nombre y música y una sencilla anatomía del alfabeto que construye para recorrerse sin trabas ni estridencias, tan sólo en lo esencial del aire y sus contornos, y aquí recuerdo las palabras de Valery, cuando decía que un poema nunca se termina si no que se abandona, podría ser la razón por la que los textos de Enrique Pérez dejan esa sensación de continuidad en el lector, de extendida complicidad con el sentir que nos acerca y nos congrega a los mismos pulsos. Pudieran ser sus poemas, estos delicados trazos de abandono.
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Sara Castelar Lorca


Poema "Homero" de Enrique Pérez Arco.

Recogió la dicha de las baldosas
de la calle, mojadas por una lluvia fugaz,
y se la llevó como un pájaro,
como un tazón caliente
entre las manos del invierno.

Ni lo vieron desaparecer por la esquina,
bajo la farola, pisando el círculo
amarillento de la luz con sus palabras.

Los ladridos, encerrados, pegaban su hocico
a los cristales, porque el olor estaba fuera,
donde el aire movía los trapos del balcón.

La ciudad, desierta, tirada en medio de la calle,
respiraba el frío hinchando con lentitud
sus ropas húmedas, boca arriba,
bajo la cúpula negra del pensamiento,
pisada, herida por sus huellas,
como si una bota le hubiera dejado
palabras calientes en el cuello.

Era aquella belleza toda una extensión de pozo
donde nadie lo había visto hundirse.

Cuando amaneció y dejaron salir a los perros,
ya no pudieron encontrar el rastro.

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“Travesía” de Julio Piñones, compleja andadura del poema
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La presentación del libro de poemas “Travesía”, de Julio Piñones, representa el inicio de una travesía que ya no se circunscribe solamente a las temáticas del propio libro; sino que también significa el punto de partida para la Editorial Universidad de La Serena, puesto que éste resulta ser el primer libro de poesía de la editorial de ésta casa de estudios Chilena. Lo anterior, adquiere mayor relevancia cuando vemos el nacimiento de una editorial en una tierra semidesértica que cada vez resulta más alejada de los céntricos focos literarios y donde las posibilidades editoriales son mínimas. Por ello, es doblemente oportuno el título “Travesía” , para el quinto libro de poemas de Julio Piñones, Doctor en Filología Hispánica, profesor de Teoría y Estética Literarias, y Literatura Española de la Universidad de La Serena.
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En “Travesía”, nos hallamos primeramente con esa búsqueda del poeta con lo esencial de su propio oficio, la desnudez del hombre ante la palabra poética. Hay una búsqueda del lenguaje preciso en la exposición de los rasgos elementales de la construcción del texto, lo que recuerda las palabras de Octavio Paz señalando que la moral del escritor no está en sus temas ni en sus propósitos, sino en su conducta frente al lenguaje. Sin embargo, esta búsqueda del lenguaje, de la exactitud léxica, se ve acompañada por otros referentes que dan cuenta de la labor de “orfebrería” que el autor realiza sobre su trabajo; otros aspectos de tipo fónico y rítmico, en algunos casos con una cuidada métrica, inciden en el tratamiento del tema de una forma implícita y se conjugan con los aspectos semánticos de cada poema, totalizando esta travesía hacía el hallazgo de un lenguaje poético.

“Travesía”, dividido en cuatro apartados, da inicio con la primera sección, “Orfebrería”, que presenta cinco poemas que nos acercan a la creación poética en sí misma. Existe un metadiscurso poético, que procura el lenguaje desde el primer poema, “Escritura”, donde el trabajo creador supone necesariamente del reconocimiento del lector: “Porque las vías del poema son múltiples/ y el lector construye sus vías”, señala oportunamente el texto, iniciándonos en esas vías de lector ante el poema. Por otra parte, desde la distribución espacial del texto, logro que resulta habitual en el libro y que posibilita un ritmo pausado en la lectura, hallamos distintos recursos estilísticos de gran efectividad que propenden hacia la claridad o al énfasis en el discurso. Además, y en concordancia con las múltiples vías hacia el poema, está la conciencia del conocimiento que debe tener el poeta sobre los recursos del oficio a la hora de hallarse bajo condición creadora: “pero el oficio de orfebre consiste/ en trabajar con todos los materiales”, indica en el crepúsculo del primer poema, “Escritura”. Cada enunciado remite a la poesía, a su capacidad creativa y expresiva, a su luminaria develadora de misterios. En toda la primera sección, “Orfebrería”, hay un tratamiento del sustantivo y el verbo por sobre el adjetivo, y una demostración sucesiva del trabajo de la palabra poética y de sus elementos con un final estético: “Hay que harnear los elementos./ Hay que abonar surcos quemar borradores”. La concordancia de la forma con el fondo en toda la primera sección del libro, engendra una visión magistral del oficio creador y de la responsabilidad sobre el propio texto.
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La segunda sección, “Personajes”, da cuenta de una serie de situaciones y protagonistas de la cotidianeidad que se constituyen en la experiencia diaria del hablante, quien apela al lector sobre las acciones de éstos en cuanto a aquel. En este sentido, existe una poesía que se centra en los ejes habituales del poeta, donde subsiste en un contexto ajeno al oficio, y que finalmente habla de las circunstancias del hombre, hombre - poeta, en el medio. Por otro lado, hallamos en esta segunda sección el uso de un lenguaje poético más adherido a referentes cotidianos, con cierto aire coloquial, pero con la crudeza del enfrentamiento que se vive a diario con el sistema. Piñones realiza una descripción sincera sobre la incertidumbre financiera y la repercusión de ésta. Habla sobre las máscaras de aquellos que nos rodean habitualmente y que se transforman en el veneno amenazador de la productividad literaria o incluso laboral, y cómo es que existe un disfraz sobre estos “personajes” existentes en la vida de cada sujeto; sin embargo, no resulta desesperanzador, más bien el discurso poético anima a no adormecerse y a la continuidad. El leve tono irónico, en este caso, resulta una pieza importante en la reflexión social que realiza, lo que además se ve intensificado con ciertos elementos negativos que se potencian con una correlación de términos y con el uso de la anáfora, como ocurre en el poema “Avatares”: “De la basura se alimentan los cóndores/ De la basura se alimenta alguna gente”.
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La tercera sección de esta travesía poética de Julio Piñones, “Espejos cóncavos”, reúne cuatro poemas donde el hablante se acerca a lo íntimo y al desarrollo de la relación de pareja, con sus altos y bajos ante lo rutinario, el desgaste, lo memorial, y la pérdida de la unidad que sólo se conserva en presencia física . Existe una suerte de degradación del amor que se va generando a medida que se avanza por los poemas de este apartado, se contempla “la partida de los mejores tiempos”, esa fatiga del amor que pronto se Vuelve costumbre y rechazo.Parte importante de la tercera sección de “Travesía”, guarda una relación con elementos del fastidio; el hablante nombra los lugares antiguos del amor que han ido extraviándose en los años y que hoy son mesa de la rutina, pese a la búsqueda y a la continuidad que intenta la readecuación: “Reunir antecedentes que demuestren/ cuán querida has sido. Destacar los placeres/ disfrutados en los primeros años” señala con dolor y profundidad a medida que utiliza certeros y breves versos. Pese a lo aparentemente normal de ésta pérdida del amor, hay un no renunciar a ese estado, un querer vencer lo que aletarga la vitalidad de las relaciones mediante la valoración de lo anteriormente amado y de los sacrificios para lograr lo que se tiene en la actualidad. En este sentido, el discurso transcurre bajo una suerte de brumosidad emotiva, que se desliza en todo el trayecto de reflexión que “Espejos cóncavos” ofrece. Por otro lado, la utilización de un léxico relacionado con lo hogareño, permite cierto clima de familiaridad con los quehaceres diarios, pero ya sin la sorpresa del inicio, sino con esa seguridad de la relación consumada, que es la misma seguridad que suele ser la causa del descuido.
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La sección cuarta y final de esta travesía del poema, nos remonta a la tierra, al lugar del hablante, a la desértica zona de Atacama de Chile, y a la riqueza de su tierra seca, de sus pocos montes, de su estrellada soledad. Julio Piñones logra atar en su discurso poético una oda a las alturas cordilleranas donde el léxico ya no se basa en lo cotidiano, como en las secciones anteriores, sino que esta vez da paso a una extracción de palabras que deben su riqueza semántica a la aridez de Atacama. Es así como en su poema “Desierto” ofrece la posibilidad de futuro tras la estéril zona: “Algo de sus voces trae el viento/ algo de su olor a piel de puma./ El yaraví de la quena/ absurdo peregrino/ será el último sobreviviente”. Pero tras lo estético y semántico de su visión de la tierra, está el caudal histórico que hay tras los kilómetros de sequedad; por ello resulta muy destacable la conclusión del libro, su último poema “Cementerio en el desierto” donde nos recuerda la función social que tiene el arte, el poema, la función de sensibilizar y rememorar o acercarnos a las raíces de lo propio. Piñones se acerca a la riqueza salitrera de otros tiempos que hoy se conservan en la memoria histórica y bajo kilómetros de la esterilidad desértica de Atacama. Es en la etapa final de “Travesía” que la función social adquiere más fuerza y logra lo señalado por el filósofo alemán Walter Benjamin: "Es tarea más ardua honrar la memoria de los seres anónimos que la de las personas célebres. La construcción histórica está consagrada a la memoria de los que no tienen nombre", y cómo no si el poema que concluye el libro nos lleva a la soledad de los muertos del desierto: “bajo las arenas/ de un cementerio en el desierto/ parientes y amistades conversan/ para abreviar la noche...”. Así, tras este conmovedor final, concluye la “Travesía” por donde este reciente libro nos conduce.
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En “Travesía” de Julio Piñones, tenemos un libro donde el disfrute estético ofrece variados matices, donde hay madurez y rigurosidad poética, donde hay riqueza de recursos y un espléndido uso del lenguaje como muestra de la poesía que inicia su viaje y que se forma en la riqueza geográfica de la zona nortina y mineral de Chile.


Benjamín León
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I Jornadas Internacionales de Estudios Mistralianos y Hermanamiento de la Fundación Premio Nobel Gabriela Mistral con la Fundación Zenobia Juan Ramón Jiménez, en Vicuña.

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Tenemos el placer de comunicar que la primera semana de Noviembre del presente año, en la ciudad de Vicuña, tendrán lugar las I Jornadas Internacionales de Estudios Mistralianos, que acogerán a académicos, poetas y estudiosos de Latinoamérica y España en torno a la figura de la gran poeta, premio Nobel, Gabriela Mistral y su obra, así como sus conexiones ineludibles con el andaluz universal y también premio Nobel Juan Ramón Jiménez.
Las Jornadas tendrán una duración de tres días en los cuales las más destacadas autoridades en la materia realizarán sus ponencias y se abrirán charlas y coloquios, que podrán ser compartidas por el público y los estudiantes que quieran asistir. También habrá espacio para el folklore popular, visitas a los lugares más emblemáticos donde viviera y realizara su labor docente Gabriela Mistral, y lecturas poéticas que se verán ampliamente adornadas por el marco inigualable que ofrece la región y la gran hospitalidad de sus gentes.
El hermanamiento entre las dos Fundaciones sellará definitivamente a dos grandes de las letras que siempre han estado unidos por el amor al medio rural y sus raíces y en especial por la dedicación a los niños y potenciará los lazos y la comunicación de forma internacional para la difusión de las obras de ambos poetas y la proyección de ambos en la literatura universal como referentes ineludibles.
Las Jornadas son abiertas y gratuitas por lo que toda persona interesada en asistir podrá acercarse a Vicuña y compartir con nosotros un evento histórico donde la poesía y el espíritu de Gabriela Mistral se verá dignificado no sólo por los estudiosos de su obra, si no también por las gentes que comparten sus raíces en el mismo corazón de su memoria.
En breve publicaremos la agenda completa de los eventos y también abriremos un espacio solidario para quienes quieran colaborar con los niños de la región aportando libros y material escolar.
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Para más información pueden ponerse en contacto con la organización en el siguiente correo:
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Poemas IV Edición (Continuación)
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(Poemas disponibles sólo en edición digital)
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Azul
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Jhonatan Sanz, Chile

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Que azules tus ojos
Que invitan a perderse en su infinito.
Que hechizante tu mirada
Que paraliza hasta el aire.
Que resplandor en tu sonrisa
Que eclipsa al Sol.
Que embrujo el de tu persona
Que envuelve como cálido mar,
Que arrasa como fuego descontrolado.
Azul tu resplandor
Que da color a la vida,
Que destaca entre tanto gris.
Azul tu corazón
Que es la fruta más preciada.
Azules los sueños e ilusiones
Que sólo hay un color
Y es el tuyo.





De "A los que fueron pájaros"
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.Liliana Celiz, Argentina
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…Imagen clandestina del pasado
( las torres no caían ni abarcaban )
cómo seguir sus pasos / cadáveres al mar
o los aviones / la peste era corriente como peste
la sed es mucha y a través palabra
quietud de la palabra cosa
o todo lo frontal el pensamiento
morir como la esquela en esos sitios
inmigración del joven que es veloz y cae
la forma habida en el sujeto
carne que niega carne y se establece en el sonido
profundidad de la madera rota como charcos
secuestro fue secuestro / monte de grasa cruda de los cuerpos
volver a ver la luz cuando se apague
cargas de barro o chicle.

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Poema I
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.Ximena Morgado, Santiago de Chile


¿Quién te trajo? ¿Qué impulso misterioso te arrojó a mi camino? ¿Qué potencia misteriosa te mostró mi oscura vida? ¿Qué destino acopló tu existencia a mi existencia? Yo fui para ti como un árbol joven y que en mis ramas te cobijaste. Una tarde llegaste a mi retiro, yo miraba los montes y me despertaste y desde entonces me sigues y te seguí; no te puedo dejar, no me puedo esconder estoy triste y serena ante el paisaje de la vida.
Ven, ya podemos emprender el viaje a través de la tarde misteriosa… tranquilo murmura un apacible “te perdono” y déjame dormir siempre rodeada de tus brazos hasta mañana.
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Poesía de la vida
El Árbol
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.Maximiliano Moraga Muñoz, Santiago de Chile

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Amar al árbol es comprender la vida.
Salio de debajo de la tierra para mirar
el sol y las estrellas; compadecido de
los pájaros, abrió los brazos para protegerlos;
y compadecido de los hombres
les da cuanto posee y hasta su sombra
recoge cada mirada como un beso y cada
gota de agua como una caricia
es todo serenidad y está impregnado de
la armonía del universo.

Amar el árbol es comprender la vida,
tan sabio es, que dice su humildad y su
bondad en silencio; tan caritativo que
purifica la atmósfera y las almas; tan
puro y tan piadoso que con cada mano
pide al cielo la bienaventuranza para todos.

Trabaja de día y noche y porque es
obrero y artista; creador de belleza;
es todo en una plegaria que haciendo
al cielo amar el árbol es comprender
la vida.

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Ese sueño eterno del mas allá
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.Javier Dicenzo, Buenos Aires, Argentina
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La luna es el recuerdo de lo imposible,
dónde la paz retrae la agitada ola.
Enciendo las llamas
retengo las distancias enumeradas.
El sueño asesino acaricia el fuego sagrado.
Ya no hay ilusiones, no,
no existe ni el ayer ni el hoy.
Se desbanda la madrugada loca del mundo.
Vuelvo a encender las llamas,
yo, carente de los afectos,
suicida en la palabra,
policía de todos los delitos amorosos.
Soy la parca que enmudece la gloria
ese sueño eterno del mas allá.
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