martes, 7 de septiembre de 2010

Dos poemas de Manuel de J. Jiménez, México

UN CIUDADANO MUERTO DIJO

Mi voz es el resumen de todos los insomnios.
Efraín Huerta

Regreso lleno de piedras.
Soy un habitante que sonríe
cuando su recuerdo cae en pausas.
La misa de cuerpo
no se escucha
desde mis oídos ahuecados
y yo permanezco como un centinela
entre el desagüe
de mis más hermosos pensamientos,
entre la mutilación
de mis manos florecidas con magnolias.

El testamento apócrifo en los dientes
me lo llevaré conmigo,
por esta rabia en la boca
y la sombra hinchada de mi lengua.

Soy y fui tal vez
una música sonando a destiempo,
acallada por las grandes orquestas
de la vida.
Crucé una feria con juguetes atroces
creyéndome bello y arrogante.
Porque sé de propia muerte
del ayer como un hoy profundo
en mi cara hundida,
para la morada dulce de gusanos.

A través de un sueño
busco mis columpios y gatos
saltando entre una torre ahuesada,
sobre las luces de una calavera.

No hay nada que medirle
a las puntas irregulares de mi cadáver,
solamente mirar
la estrella que vuelve
por fin a la tierra.

“La muerte sea conmigo / La vida será después”


UN CIUDADANO AUSENTE DIJO

Mi voz es el resumen de todos los insomnios
Efraín Huerta

Regreso lleno de arena.
Soy un habitante que se sacude
tras salir de un océano nauseabundo.
Estos días bajo la ciudad
hacen que me mire en los espejos
como un molusco tostado y miserable.
Estos días en nuestra ciudad
son como un aluvión de puentes
y sepelios públicos,
con bulevares fallecidos por la lepra.

Siento los instantes desde un cronómetro
a través del estómago que no desayuna,
pero almuerza 60 minutos a deshoras
acompañados por un sorbo de café.

Soy y fui tal vez
un hombre caminando por el Centro,
atento a las mercancías de los escaparates
tan vacíos,
iguales a los números que nunca cruzo
en el calendario.
Porque sé de propia vida
del ayer como un hoy fusilado,
los hoyos violentos,
por la sonrisa de sangre abierta.

A través de una ventana
busco mis zapatos y los perros
caminando en las calzadas de nylon,
sobre las piernas gordas de la noche.

Entonces el Ángel de la Independencia
es una esfinge con los senos crepusculares,
observándome desde una tristeza piadosa
de virgen lejana.

Me iré con ella,
encima de fuentes obscuras y edificios,
entre las regiones ya no de aire
sino de ciudadanos translúcidos.


MANUEL DE J. JIMÉNEZ (México D.F., 1986)

1 comentario:

  1. Gran poema el segundo, aseguraría que podría ser el poema que defina esta generación odiosamente llamada posmoderna

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