martes, 7 de septiembre de 2010

Tres poemas de Javier Dicenzo, Argentina

LA PASION DE LAS FLORES

La pasión de las flores embellece
a ruiseñores, elevadas aves,
cual las fuentes de soles cristalinos
en las ciudades con canciones tenues.

Perfumando jardines purifica
cisnes azules del edén perdido,
en recuerdo de seres celestiales
que divinizan los caminos solos.

La pasión de las flores embellece
a los cantores de ciudades tristes,
con guitarras sonando cual campanas
en las iglesias de los santos puros.

Es pasión que fulgura las cien noches
de enamorados, parpadeos libres,
cuando pasan las reinas con el cielo
bellos poemas, inmortales lunas.





EN ESA GUERRA QUE NOS CONDENA EL SILENCIO

Y viví
en la noctámbula tibieza de lo salvaje
atormentado por tormentas
sospechando la luna remota.
Recorrí el alma aprisionada
mi luz nunca cegó el camino
ni la metamorfosis loca.
Está el artífice del mar oscuro
la mitad de la otra mascara.
Y viví
el crepúsculo inmortal
con los gritos de los abismos,
era el alma de los dioses
o aquel emblema desapegado.
Europa era un fantasma
en la piel de un genio.
Atrapé la mirada perpetua
de ese poeta enorme
que fue a limpiar las fosas
en esa guerra
que nos condena en el silencio




PARA APARENTAR MI NIÑEZ DE LABERINTO PERPETUO

Donde la paz extiende los infinitos cielos en el horizonte
no existe la melancólica esfera de bocas de fuego.
Quiero matar las mariposas sangrientas con los espejos.
¿Qué voces aman la levedad de siluetas en el crepúsculo?
Neruda ya no esta en mi abismo insondable.
Ni Luís Alposta con todas sus poesías
podría sanar mi alma secuencial en los paraísos.
Amo ese camino solitario en los despertares de la humanidad.
¿Quien predice mi espíritu dimensional?
Hay una espada palpitando mi elemental guarida.
Me paro frente a la danza angelical
abro mi vida con cada espíritu de pájaros heridos.
Mi metamorfosis no cederá láminas de despedida.
No me basta que un gris del viento caiga sobre el silencio,
me cercan los fantasmas de Alan poe.
No tengo una lira aguda para curar mi ojo abatido
ni el despertar milenario que hace juegos en la piel.
Me niego a la eternidad pasando frente a cruces,
a alzar mi voz profunda para resucitar las flores,
porque doy tregua al desfiladero de pasos.
Amo la libertad de mi ser con la mirada Venus
exquisita desnudez de llamas en el Apocalipsis.
Mi denuncia a la vida es para lo innombrable
que se hace raíz penumbrosa de árboles azules
para aparentar mi niñez de laberinto perpetuo.


Autor: Javier Dicezo, Buenos Aires, Argentina

1 comentario:

  1. Gracias Bejamin y Sara, por su apoyo, a veces me siento incomprendido, un fuerte abrazo desde Argentina.
    javier Dicenzo

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