lunes, 27 de diciembre de 2010

Revista Espantapájar@ - Edición Noviembre 2010














Azul Maitea, nire neskatillari


Ilki Carranza, Madrid – España



Azula esan deutsuet.
Uler ezazue, mesedez,
eskatu deutsuet.

Zeren eta esan deutsuedana
ez dago argi zuentzat.

Halan ta be ziur nago.
Zuk,
Lurretik Atlantidak
Ortzetik Nereidak
irakurri dituzun horrek,
ulertuko dozula.

Baina, nortzuk dira
ulertuko ez dabenik?
Urdina, esaten dabenak?
Azzurro, esaten dabenak?
Blue, esaten dabenak?
Cian, esaten dabenak?
Azur, esaten dabenak?

Beharbada , inork ez,
zuk baizik.

Esan deutsudan ezkero
gure munduan
azula ez da kolore bat
sentimendu hutsa baino.

Azul maitea
Maitea zara.




Querida Azul, a mi chica (traducción del autor)

Os he dicho azul.
Comprendedlo, por favor,
os lo he pedido.

Pues lo que os he dicho
no está claro para vosotros.

Sin embargo, estoy seguro,
que Tú,
la que has leído
las Atlántidas desde la tierra,
las Nereidas desde el cielo,
lo entenderás.

Pero, ¿quiénes son
los que no lo entenderán?
Los que dicen urdina?
Los que dicen azzurro?
Los que dicen blue?
Los que dicen cian?
Los que dicen azur?

Quizás ninguno de estos
excepto Tú.

Pues como te he dicho
en nuestro mundo
el azul no es un color
sino el puro sentimiento

Querida azul
eres Maite. (el cariño)





Y todos los libros llenos de palabras



Juan Carlos Mestre, El Bierzo, España



Y todos los libros llenos de palabras
y todos los calendarios llenos de días
y todos los ojos llenos de lágrimas
y llena de nubes la cabeza de todos los mares
y llenos de coronas y puntapiés todos los relojes de arena
y de jirafas molidas todos los pechos condecorados
y todas las manos llenas de verano y caracoles marinos
y todos los dormitorios llenos de manojos de explicaciones
y de pantalones disecados las sillas de todos los prostíbulos
y todos los huecos llenos de público
y todas las camas llenas de electrocutados
y todos los animales llenos de espíritu y pánico
y de feroces gritos los árboles de todos los aserraderos
y todos los tribunales llenos de testimonios
y todos los sueños llenos de sacacorchos
y llenas de chicas todas las estrellas
y todos los libros llenos de palabras
y todos los calendarios llenos de días
y todos los ojos llenos de lágrimas
y todas las peceras y todos los pupitres y todas las cenas íntimas
y todos los razonamientos llenos de indudables edificios
y toda la primavera llena de moscas y crisantemos
y llenas todas las iglesias y todos los calcetines y todas las peluquerías
y todas las mujeres llenas de gloria
y llenos también de gloria todos los hombres
y todas las perreras llenas de ángeles
y todas las llaves llenas de puertas
y todos los bazares llenos de ratones
y llenos de barrenderos todos los cuadros
y llenas de estiércol todas las escobas de la patria
y todas las cabezas llenas de radiografías e intríngulis
y llenas de luz todas las subestaciones eléctricas
y llenos de amor todos los manicomios
y todos los cementerios llenos de salvavidas.






Diluvio 2.0


Andrés Neuman, Argentina


Vengo de ver el cielo cayéndose a pedazos como una nuez partida, cayéndose a pedazos porque nadie lo guarda, me pregunto si el cielo es contenido o continente, si nos trae la tormenta o él también la padece, todo enemigo tiene cara de escalera, nadie guarda este cielo porque es un regalo que abrieron otros antes, sin embargo no hay nostalgia en el hueco, el vacío es el ángel, qué milagro esta nada poco a poco repartida entre nosotros, huéspedes de un viejo colador que no se cura, que confunde la sed con la impaciencia.

Una pantalla avisa y una ventana actúa, nos da miedo apagar el aparato, preferimos lo otro, digo que he visto el cielo cayéndose a pedazos y un minuto después consulto en la red quién ha metido el gol, no hay nada que me importe más ahora, si canto bajo la lluvia me olvido de que hay mudos, ¿pero quién ha pateado esta tormenta, cuántas piernas tuvieron que partirse como una antena, un mástil, para que yo pudiera ver a través de mi cristal?, la escalera chorrea un color que no es suyo, el cristal se está empapando, empapando, la lluvia sabe más cuando es opaca.

El diluvio se expande como la indiferencia, tengo ganas de bajar a la calle y aplastarme de amor, ser el charco que piso, no hay desprecio en la bota que se moja a propósito, qué delicia dejar algo y pasar sin ser visto, ser la huella dactilar de un neumático, pero las suelas agreden caminos anteriores, una bota pateó la pelota del fuego, veo pies calcinados debajo del cristal debajo de la lluvia debajo de debajo.






Para nombrar el fuego



Daniela Camacho, México - Japón



bajábamos del vino y la ginebra como animales que vuelven de la fiebre / un pequeño cuarto a punto del derrumbe era entonces el lugar propicio para el amor / habitábamos con todo el cuerpo la palabra maremoto / un trío de ángeles animaba nuestras sombras en húmedos espejos / ardíamos de manos rojas / de labios rojos / de sexos para siempre rojos / deseábamos la luz / nos poseía un lenguaje de serpientes:

/ entrar en un cuerpo o estrangularlo / hacer babear las fauces calientes de los lobos del sueño / decir amor mientras afuera están muriendo las palomas en tibias catedrales / entrar en un cuerpo y destruir el oro / darle la temperatura necesaria al alquimista para que interrumpa el suicidio de los niños en un país de nieve / hacer que el astrolabio nos devuelva la estrella a los ojos en blanco / y leer en las caderas ensanchadas / en los muslos / en la espalda / un árbol genealógico de bestias /

: sí / en otro tiempo volvíamos del vino tenebrosos / inocentes / casi recién nacidos / tú entrabas en mi cuerpo / y un humo de lilas / sobre mí / dejaba una corona negra //





Tánger y Tú


Josefa Parra – Jeréz, España


“…esa hermosa ciudad con mala suerte”
Juan José Téllez


En las enmarañadas calles de la medina,
allí donde te escondes, mutiladas
las manos que abrazaban, mutilados
los labios del amor;
en los arcos del zoco, en las terrazas
sucias de los cafés, en los recodos
de sombra y de desastre, allí te busco,
pequeño amor, estrella sin mañana,
malhadado, perdido, desolado.
Te hallaré en la tristeza de esta ciudad sin suerte
que tanto se parece, en cuerpo y alma,
a ti
y a mí.


Del libro inédito “Materia combustible”




Para aparentar mi niñez de laberinto perpetuo


Javier Dicenzo, Buenos Aires, Argentina


Donde la paz extiende los infinitos cielos en el horizonte
no existe la melancólica esfera de bocas de fuego.
Quiero matar las mariposas sangrientas con los espejos.
¿Qué voces aman la levedad de siluetas en el crepúsculo?
Neruda ya no está en mi abismo insondable.
Ni Luis Alposta con todas sus poesías
podría sanar mi alma secuencial en los paraísos.
Amo ese camino solitario en los despertares de la humanidad.
¿Quien predice mi espíritu dimensional?
Hay una espada palpitando mi elemental guarida.
Me paro frente a la danza angelical
abro mi vida con cada espíritu de pájaros heridos.
Mi metamorfosis no cederá láminas de despedida.
No me basta que un gris del viento caiga sobre el silencio,
me cercan los fantasmas de Alan Poe.
No tengo una lira aguda para curar mi ojo abatido
ni el despertar milenario que hace juegos en la piel.
Me niego a la eternidad pasando frente a cruces,
a alzar mi voz profunda para resucitar las flores,
porque doy tregua al desfiladero de pasos.
Amo la libertad de mi ser con la mirada Venus
exquisita desnudez de llamas en el Apocalipsis.
Mi denuncia a la vida es para lo innombrable
que se hace raíz penumbrosa de árboles azules
para aparentar mi niñez de laberinto perpetuo.




El circo


Sara Castelar Lorca, Sevilla, España

Huir, del ruido enroscado a los teléfonos
del idioma infectado
en las juveniles zarpas del vacío.

Vendrán, todos vendrán con su circo de látex,
la mujer barbuda en su vestido obsceno
el payaso sin niño
el hombre bala en la nuca
el domador de ciegos con su látigo estéril:

la función es un ancho camino sin espejos
la mueca enquistada en los televisores

una forma de amar mucho más simple.


Huir, sí, hasta colmar el negro
con la lengua ensartada de cerezas
y el abono del aire
sobre los vertederos

y el olvido.



Cumparsita


Julio Piñones, Chile


Se fugan significados. Emigran solas las palabras.
Las jitanjas se hacen humo.
Se embriagan las gargantas con carbono.
La soberbia de los tales por cuales se resquebraja.
Se desmienten las locuras de las profecías.
Con un disparo en la sien una metáfora.
Se humillan los poetas en las editoriales.
Por sus pecados se derrumba Wall Street.
Se despiertan bajo tierra los pasajeros del avión.
Las copas de los Alpes se alzan
juntos brindis y hongos atómicos.
La paciencia del musgo se agota.
Sólo permanece
el desierto más árido del mundo.
No el de Atacama si no el odio.


Adelanto del sexto libro del poeta Julio Piñones






1


Jaime Valdés, Chile


Quise verte muerta entre mis brazos,
derramar la sangre de mi vientre sobre tu pecho
cuidar tus curvas con odio,
y saciar al tiempo con engaños y versos.

Déjame esperar la muerte arrojado,
a mis ansias, a mis torturas y lamento
formidable de carne putrefacta,
consumiéndonos en un halito perpetuo.




Dos poemas


Cecilia Vega, Chile


Heme aquí frente a ti, clamando por una circunstancia, por una mísera circunstancia, que pueda albergarme, heme aquí boca abajo postrada ante ti, implorando por no ser desterrada de tu pensamiento, heme aquí devota de tu boca y seguidora de tu cuerpo y heme aquí dispuesta a expiarme y azotarme por poseerte.



Retorna en el céfiro a mi boca, húndete en el pálpito de mi pecho, zigzaguea en locura que se acrecienta a cada instante que te respiro, vuélvete y siénteme en la humedad de la aurora, dibújame reclinada en tu lujuria, persígueme en el trazo que dejaste en la intensidad del beso disperso y acúdeme en la penumbra cada vez que te respire.






Un ciudadano muerto dijo

Manuel J. Jiménez, México

“Mi voz es el resumen de todos los insomnios”
Efraín Huerta


Regreso lleno de piedras.
Soy un habitante que sonríe
cuando su recuerdo cae en pausas.
La misa de cuerpo
no se escucha
desde mis oídos ahuecados
y yo permanezco como un centinela
entre el desagüe
de mis más hermosos pensamientos,
entre la mutilación
de mis manos florecidas con magnolias.

El testamento apócrifo en los dientes
me lo llevaré conmigo,
por esta rabia en la boca
y la sombra hinchada de mi lengua.

Soy y fui tal vez
una música sonando a destiempo,
acallada por las grandes orquestas
de la vida.
Crucé una feria con juguetes atroces
creyéndome bello y arrogante.
Porque sé de propia muerte
del ayer como un hoy profundo
en mi cara hundida,
para la morada dulce de gusanos.

A través de un sueño
busco mis columpios y gatos
saltando entre una torre ahuesada,
sobre las luces de una calavera.

No hay nada que medirle
a las puntas irregulares de mi cadáver

solamente mirar
la estrella que vuelve
por fin a la tierra.




La luz


Rafael Cárdenas, Venezuela


Se marchan las horas
mariposas que huyen
vamos desnudos
sepultando jornadas
como el moscardón
buscamos la palabra en la luz



Flor matutina


escondida en si misma
calla el aroma y la ternura
bajo la nueva luz
sube su fuego, se abre
estalla delicada y perfecta.



Diez décimas y una octava


Antonia Toscano, Ronda, Málaga

a Miguel Hernández Gilabert
(30 de octubre de 1910 – Alicante, 28 de marzo de 1942)


I
Altos andamios de flores,
cercas para tus caminos,
tanto rosas como espinos
tanto vino, como amores
tanto talento y dolores;
Miguel, te entregó la vida
hasta que fuera abatida
en cárceles de tormentos,
eternidad de momentos,
entre rejas contenida.

II

Cartas de sangre y sudor
marcas de agua en papel,
lágrimas son de Miguel
destiladas del amor
y mezcladas con dolor.
Dura voz en tinta deja
la estela azul de una queja,
la negra huella, soledad,
el ansia de libertad
atravesando una reja.

III

Para el luto no naciste,
experto en mirar la luna
en recorrer, una a una,
sus caras cuando quisiste,
su miel y su vuelo triste.
De la higuera buen amante
de su fruto exuberante,
de su textura y sabor
de comerlo con ardor
en el calor sofocante.

IV

Naciste para la vida,
entera y palpitante,
estela de amor errante
sobre la flor escogida,
dejando abierta la herida.
Ah, vivir para la poesía
sin las rutinas del día ,
sueño de cualquier poeta
llegar sin llevar maleta,
descansar en la utopía.


V

Silencio en la ausencia,
extensa el agua y la sal,
puro blanco de la cal,
añorando la presencia,
la soledad es la ciencia.
Raíces son de la tierra
las células que encierra
un cuerpo en la sepultura,
paloma volando oscura
sobre la nítida sierra.


VI

Bajo la tierra, una flor
fruto de tu sementera,
ni una sola primavera
sobrevivió a su dolor,
ni curar pudo el amor
de un ángel las blancas alas,
de las rosas y las calas,
de la luz y de la brisa
y de su tierna sonrisa
el cielo viste sus galas.


VII

Son palabras de cristales
las que atraviesan la piel
abriendo ríos de hiel
que hoy manan a raudales
en los claros manantiales.
Y son estrellas fugaces
que cruzan el cielo audaces
poniendo nombre a las cosas,
las espinas y las rosas,
versos limpios y mordaces.


VIII

Un ciprés, eternidad
a puerta de cementerio,
el muro del cautiverio
que implora la libertad
en silencio, sin piedad.
En sus piedras encaladas
nunca por hiedra escaladas,
un reloj de sol inerte
entre la vida y la muerte
construye sus barricadas.


IX

Alma de encina y raíces
Se unen a la madre tierra
donde semilla se entierra
conservando sus matices
como dioses aprendices.
De su oficio de cabrero,
andando por el sendero
de pastizales de estrellas,
él se enamoró de aquellas
y las prendió del sombrero.


X

Los manantiales de luna
que él engendró en su pecho
refrescaron en su lecho
su muerte verde aceituna
y un niño muerto en la cuna.
Vencedor entre las flores,
vencido por los motores
de una guerra a la esperanza,
víctima de la matanza
que animan los dictadores.


Octava real
(Estrofa utilizada en “Perito en lunas”)

Estas décimas son un homenaje
a Miguel Hernández, orcelitano,
que vivió y escribió con tal coraje
que sus claros versos de mano en mano,
para muchos fueron el equipaje
que llevaron a un destierro lejano,
sin pan, ni patria, ni bandera, nada
más que esperanza en ellos respirada.





Avispero

Giovanni Collazos Carrasco, Perú


Sigues incandescente
como murmullo que acopio
de aluviones nocivos
en mi clavícula cromada

sigues hidráulica
en los estanques de mis sienes,
en mi evocadora retina,
en los acordes que succiona la madera
que me despoja de la flaqueza que se duele
en un pecho que desdobla
y que deriva en la carne

sigues eólica
por esta piel de desierto
que se inventa la certeza del agua,
la humedad del relámpago
y del carbón de este avispero
donde guardo mis huesos
que se queman de frío.




Cría y devóratelos


Cristian Pérez, Chile


Se nos viene el siglo de la leche negra
allá por el Sena negrero, ciego,
y acá en las oscuras bestias
que nunca se pensó que lloraban, que reían
que morían
Ahora quién les cantará en este siglo
de leche negra y negreros
de seguro los lejos del Mediteráneo,
los de las costillas rotas y apolilladas,

Sonata de Muerte
sonata fraterna en las aguas embotelladas
sonata ingrata.

Pero no se esfuercen
el hambre come niños aplastados…
y está en calma.
Pero no apuren su gramática
hace falta cincuenta mil palas y manos
hace falta ningún
allez, allez, allez
sálvame Europa, sálvame la dramática democracia
sálvame nada de tu lengua.
La historia, La historia
Se la han
Guardado.



El aire soñado en mi regazo

Carmen Albertus, Málaga, España


El aire soñando en mi regazo
buscaba una nueva forma de amar,
con el silencio de una boca pegada a la suya,
unas manos llenas de mariposas cabalgando sobre su piel,
el aire empezaba a despertar a otra vida.

Yo cerraba los ojos y le dejaba escapar,
correr tras sus sueños y él aprendía no sólo filosofía,
sino que subyugaba con su palabra a la orilla del río
a las aspirantes de sirena que en el se bañaban.

Cuando regresaba lo hacía de puntillas,
volvía a cerrar los ojos, pero escuchando cada paso,
cada respiración, así aprendí los movimientos más secretos
de sus amaneceres brillantes, su sonrisa satisfecha y hasta sus
reacciones de átomo silente en las madrugadas.

Hoy ese mismo aire sostiene en su regazo un nuevo aire
y también como entonces siente que el alma se le va,
sabe que su aire aprende de él, lo imita, lo admira,
y reconoce sus pasos.

Es la historia que se rompe en pedazos, la vida que se vive
en un instante, el mar que se retuerce en el aire
y ese amor entrañable que se despide por los ojos sin miedo,
solo es amor en las manos




Solariego

Carlos Manuel Piñones, Chile

Hubiere querido llegar al primer crepúsculo;
pero Héspero se apoderó de mi sentido.

Excelso romperé furioso el látigo que sub-yace
con un golpe arduo e indescifrable
y caminando oblicuo sobre tu cuerpo
derribaré el arrecife del incorruptible carmesí
para que nazcan los gorgoteos,
fulgor de dioses que se agolpan.




XVI


Benjamín León, Chile

¿Quiénes son estos
que cuelgan de la noche?

Bajo las sábanas de Dios extienden su destino.

Los límites, a penas el silencio,
la noche y su oquedad,
el corazón de ayer terriblemente helado
y la melancolía de los huesos.

¿Quiénes son, qué lugar los llama,
a qué infinita muerte van sus nombres?


De: “La luz de los metales”



REVISTA DE POESÍA ESPANTAPAJAR@

Equipo editorial:

Osman Cereceda, Juan Miguel Zumarán Rojas, Carlos Piñones, Sara Castelar Lorca, Benjamín León.


El presente ejemplar incluye poemas de:

Julio Piñones, Benjamín León, Sara Castelar Lorca, Cecilia Vega, Jaime Valdés, Carlos Piñones. Además, para este número participan de forma especial: Juan Carlos Mestre, Premio Nacional de Poesía de España 2009; Andrés Neuman, Premio Alfaguara 2009; Josefa Parra, Premio de Poesía Unicaja 2006; Ilki Carranza, Carmen Albertus; Javier Dicenzo, Manuel J. Jiménez; Daniela Camacho; Antonia Toscano, Rafael Cárdenas, Giovanni Collazos.
El trabajo de la portada pertenece a una obra realizada por Marcelo Faúndez (Macherano), profesor y artista visual, que ha sido dividida en cien fragmentos, haciendo de cada ejemplar una obra única.

NOTA EDITORIAL

La revista de poesía Espantapájar@ fue creada en la Universidad de La Serena por estudiantes de la carrera de Pedagogía en Castellano y Filosofía, tiene como principal objetivo la difusión poético literaria, y pretende ser un lugar de encuentro entre jóvenes poetas y poetas con cierta trayectoria, teniendo presente la integración a la comunidad en su expresión poética. Esta revista se distribuye paralelamente en España y Chile.

La décima primera edición consta de cien ejemplares numerados y hechos de forma manual.

http://revistaespantapajara.blogspot.com

Comentarios y colaboraciones de poemas:
espantapajar@gmail.com



Ediciones tirArte
Noviembre, 2010
La Serena, Chile
Espantapajar@